• Jesús López

Cosas de casa


No recuerdo el momento exacto en el que empecé a interesarme por los insectos, arácnidos y todos esos tipos de animalejos. Como todo cincuentón, o senior como nos llaman ahora, crecí devorando todos los capítulos de El Hombre y la Tierra, y seguro que esto tuvo mucho que ver, aunque a mí siempre me interesó más seguir con la mirada cualquier hilera de hormigas en el parque de mi barrio u observar cómo las polillas eran atraídas hacia la luz hipnótica de las farolas que ver por la tele el majestuoso vuelo del águila imperial o las técnicas de caza del lobo ibérico.

Pensando en ello, es muy posible que, valorara más la accesibilidad de lo cercano que la espectacularidad y el exotismo de lo, en aquellos tiempos, inalcanzable. Aún ahora salgo del coche impaciente para acercarme a la piscina de la casita de campo de mis padres a observar qué malogrado ser vivo ha sucumbido en esa malévola trampa acuática o, sonrío interiormente cuando, levanto piedras con pie de manera instintiva y aparece una escolopendra enrollada sobre sí misma sorprendida ante el aluvión de luz.

A veces, no hace falta ir a ningún parque natural ni a ninguna selva tropical para descubrir pequeñas maravillas, basta con salir al parque, observar un huerto, explorar el jardín, pasear por tu urbanización, para volver a casa con una sonrisa.

Por cierto, la Lycosa hispanica de la foto me la encontré despistada en la acera de una calle próxima a la Feria de Muestras de Valencia, una zona totalmente urbana salpicada por alguna pequeña área ajardinada.


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