• Jesús López

El encanto del perdedor

Actualizado: jul 26


De pequeño, cuando devoraba los comics de Asterix, me gustaba detenerme en esa primera página que mostraba un mapa de la Galia y la lupa enfocando la pequeña aldea rodeada de campamentos romanos que, aventura tras aventura, resistía el empuje del Imperio, manteniendo, en un complejo ejercicio de convivencia, el equilibrio en la región. Tras leer el texto introductorio siempre me dirigía a la última página para cerciorarme que Goscinny y Uderzo acababan felizmente la historia en el tradicional banquete, con lo que ya podía degustar tranquilamente el resto del libro. Esta imagen de aldea asediada y sin aparente escapatoria, acudió a mi cabeza en varias ocasiones durante los 90.

Gracias al convenio existente entre la Universidad y el Ayuntamiento de Valencia, durante aquellos años acompañé varios meses a un equipo de la empresa adjudicataria de los servicios de control de plagas de la ciudad. Uno de esos días, en una de las pedanías situada al sur de la ciudad, las vi por primera vez. Quietas, casi como pegadas a las paredes del alcantarillado. No se alteraron excesivamente, incluso mostraron cierta indiferencia cuando eran rociadas con el concentrado emulsionable a base de organofosforado. Al abrir toda la línea de trapas de la calle comprobamos que estaba colonizada por Blatta orientalis, aunque la emoción me duró un suspiro. Tras el primer cruce, Periplaneta americana apareció en escena y, con ella regresó la monotonía.

Unos meses después las volví a ver ocupando gran parte de la pared de un sótano frío y húmedo a modo de trencadis orgánico y cambiante.

Tras los datos recogidos durante cuatro años en las inspecciones realizadas en los edificios de la Universidad de Valencia y que sirvieron de base a mi tesis doctoral, tuve la oportunidad de muestrear multitud de lugares propicios para su proliferación, pero, únicamente las encontramos, siempre en niveles de infestación muy bajos, en un sótano de uno de los edificios del campus de Tarongers. Me gustaría pensar que ahora, después de 15 años, aún puedan encontrarse en la ciudad, resistiendo el empuje del ejército rojo, aunque lo desconozco.

Todas estas demostraciones in situ del desplazamiento que la cucaracha oriental por parte de su prima “americana”, me llevaron, posiblemente de manera equivocada, casi a catalogarla como una especie en vías de extinción en la ciudad, aumentando mi simpatía por este blátido negro brillante con aspecto de coleóptero, alas no funcionales y actitud aparentemente sosegada que, poco tenía que hacer frente a su prima P. americana, que, con un potencial biótico netamente superior, principalmente debido a su tasa reproductiva, con una mayor frecuencia de producción de ootecas (1) lo que, unido a otras características biológicas, parecen revelarnos que B. orientalis tiene la guerra perdida de antemano.

Además de estos datos, existen otros factores que hacen que la balanza se decante del lado de P. americana. Su aptitud para el vuelo y su facilidad para trepar por superficies verticales -mucho mayor que en B. orientalis-, le permiten colonizar más fácilmente zonas nuevas. Su mayor agresividad frente a potenciales enemigos, su gran tolerancia a productos químicos y a microorganismos (2,3) que pudieran resultar letales para otras especies y, su capacidad de adaptación a ambientes urbanos, hacen que su tasa de supervivencia sea también superior en estos entornos.

Por si fuera poco, con todo esto, con los inviernos cada vez más suaves de nuestras latitudes, B. orientalis parece que ha perdido la fórmula de su particular poción mágica. Su resistencia a las bajas temperaturas, que le permite proliferar a mayor altitud y en climas más fríos, está dejando de ser un inconveniente para P. americana.

Mis siguientes encuentros con la dama negra, muchos años después, desmitificaron esa falsa imagen de vulnerabilidad e indefensión que me había creado. Visitando el alcantarillado de ciudades como Zaragoza o Madrid gracias a proyectos donde se aplicaba la pintura INESFLY 5A IGR NG, pude comprobar como siguen siendo la especie dominante y el objetivo principal de los esfuerzos por controlar las cucarachas en las ciudades del interior peninsular, aunque parece que, en los últimos años, esta situación está cambiando y P. americana (4), junto a otras especies de manera más puntual (5), están amenazando la tranquilidad de esa aldea gala que hasta ahora era el interior peninsular para B. orientalis. Me temo que quizás en el siguiente capítulo el banquete final se lo den nuestras viejas conocidas cucarachas rojas, protagonistas sin quererlo hasta de este texto.


1. Una ooteca cada 4-10 días en P. americana con un total de entre 10 y 90, frente a una ooteca cada 25-50 días en B. orientalis para un total de 8, según Cochran, Donald G & World Health Organization. Communicable Diseases Prevention and Control Dept. WHO Pesticide Evaluation Scheme. (‎1999)‎. Cockroaches: their biology, distribution and control / by Donald G. Cochran. World Health Organization.

https://apps.who.int/iris/handle/10665/65846


2. https://higieneambiental.com/control-de-plagas/periplaneta-americana-una-plaga-con-recursos


3. Li, S., Zhu, S., Jia, Q. et al. The genomic and functional landscapes of developmental plasticity in the American cockroach. Nat Commun 9, 1008 (2018) doi:10.1038/s41467-018-03281-1. https://www.nature.com/articles/s41467-018-03281-1


4. Bueno Marí R, Pita González JM, Cordobés Barrio A,Torres Rodríguez P, Calvo de Mora C, Cámara Vicario JM. Medidas de vigilacia y control municipal tras la detección de un foco de la cucaracha exótica, Periplaneta australasiae (Fabricius, 1775), en la ciudad de Madrid. Rev. salud ambient. 2018; 18(2):137-146.


5. https://higieneambiental.com/control-de-plagas/la-cucaracha-periplaneta-americana-se-extiende-en-aragon

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