• Jesús López

Los invasores

Actualizado: jul 26


David Vincent los ha visto. Para él todo empezó una noche en un camino solitario cuando buscaba un atajo que nunca encontró. Ahora, David Vincent sabe que los invasores han llegado, que se han adaptado al aspecto humano. En alguna forma, debe convencer a un mundo incrédulo de que la pesadilla ha comenzado.

Así comenzaban todos los episodios de la mítica serie Los invasores. David Vincent es un arquitecto, único testigo del aterrizaje de un ovni que resulta ser una nave de extraterrestres. Tras contar el acontecimiento, David es considerado loco por la mayor parte de la gente y decide desenmascarar a los seres invasores, quienes parecen ser personas normales que conviven con los humanos sin llamar la atención, pero cuyo fin es adueñarse del planeta Tierra (1).

La literatura, el cine y la televisión están plagadas de historias de invasores provenientes del espacio exterior. En muchas de ellas, como en esta serie de finales de los 60, estos seres adoptan aspectos humanos como estrategia para pasar desapercibidos y, poco a poco, instalarse en nuestra sociedad para acabar dominándola.

A pesar de encantarme la ciencia ficción, desde hace ya bastantes años, cuando escucho la palabra invasores, no pienso en platillos volantes o en humanos metamorfoseándose en el interior de vainas gigantes. A mi cabeza vienen otros invasores mucho más terrenales, aunque no por ello menos peligrosos. Unos que no intentan ni siquiera pasar desapercibidos, que se presentan ataviados con pinturas de guerra que dibujan líneas u otros símbolos en sus cuerpos, que exhiben sin miedo sus aposemáticos colores y que no tienen ninguna necesidad de ocultarse para lograr sus propósitos.

Estos seres poseen una elevada capacidad para adaptarse a un nuevo entorno, libre de sus enemigos habituales, tienen una altísima tasa reproductora y una marcada agresividad que les permite conquistar territorios a un ritmo frenético, haciendo baldíos todos los esfuerzos por detenerlos. Nos atacan por tierra, mar y aire, utilizando tácticas de guerra sucia. Destruyen nuestros cultivos, acaban con nuestras fuentes de alimento, contaminar nuestros productos, bloquear nuestras infraestructuras, y, sobre todo, son capaces de transmitirnos microorganismos patógenos que nos provocan graves enfermedades.

Ante esto, no queda otra que defenderse y luchar. Para ello, lo primero es identificar al enemigo. La Ley 42/2007, de 13 de diciembre (1), del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, define “Especie Exótica Invasora (EEI)” como “aquella que se introduce o establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural y que es un agente de cambio y amenaza para la diversidad biológica nativa, ya sea por su comportamiento invasor, o por el riesgo de contaminación genética”.

Esta ley, además, da pie a la creación del Catálogo de especies exóticas invasoras, que queda regulado por el RD 630/2013, de 2 de agosto (2).

Al leer la definición de especie exótica invasora podemos observar cómo pone el foco de atención en el impacto ecológico que puedan suponer estas especies ¿Significa esto que especies que no alteran dicha diversidad no son especies exóticas invasoras? ¿Existen especies que colonizan nuevos hábitats y que no desplazan a ninguna otra? Me viene a la cabeza -como casi siempre- Aedes albopictus, incluido en el catálogo, pero en cuya ficha, al referirse a su impacto ecológico se cita lo siguiente: “Sobre el hábitat y las especies el impacto ecológico, que puede ocasionar, es su posible competencia con las especies de mosquitos autóctonas, aunque no se dispone de suficiente información”.

Quiero suponer que, el mosquito tigre, ha sido incluido por su repercusión como vector de enfermedades endémicas, aunque en la definición de especie invasora no figure ninguna referencia a especies que puedan suponer un potencial peligro para la salud de las personas, independientemente de que, su presencia en un determinado hábitat, afecte a la biodiversidad.

Por otra parte, en un sentido amplio del término, todos somos especies invasoras. Quizás la única diferencia sea el tiempo transcurrido desde que lo fuimos. Entonces, ¿Cuántos años deben pasar para que una especie exótica invasora puede dejar de serlo? ¿Qué debe suceder para que deje de considerarse exótica?

Lógicamente, el Catálogo es un listado en continua actualización dada la aparición constante de nuevas especies invasoras en nuestro territorio y que debe lidiar con diferentes problemas. Al ser necesario establecer una serie de procedimientos y normas para la inclusión de una especie, podemos imaginar que resulta imposible tener el listado perfectamente actualizado, ya que siempre irá varios pasos por detrás de la realidad.

Por otra parte, se ha tenido que tener en cuenta – mediante la Ley 7/2018, de 20 de julio (3)- que, previamente a la creación del Catálogo existían muchas especies – caso de la trucha arco iris- que, siendo exóticas e invasoras, tras su aclimatación e instalación en el medio, su explotación ha supuesto un medio de vida para los habitantes de la zona, usualmente porque son objeto de caza o de pesca y esto, repercute en la economía local. Para ello se utiliza el término de “especie naturalizada”: Especie exótica establecida en el ecosistema con carácter permanente, introducida legalmente antes de la entrada en vigor de la presente Ley, y respecto de la que no existan indicios ni evidencias de efectos significativos en el medio natural en que habita, presentando además un especial interés, social o económico.

La evidente dificultad en discernir cuando, los efectos que una especie nueva provoca en el medio natural en el que se ha instalado, son significativos o no, puede dilatar aún más la inclusión -o no- la catalogación de dicha especie como invasora y, con ello, la adopción de las medidas de control correspondientes.

Al final en temas como este, a pesar contar con muchos David Vincent, de poseer una legislación específica, de las medidas de prevención y control, de la de la coordinación entre diferentes administraciones e instituciones, de la implicación de la comunidad científica, es inevitable la sensación de ir a remolque y de que, por cuestiones económicas y logísticas, deben establecerse prioridades en las acciones frente a estos organismos.

Por tanto, es perfectamente comprensible que, actuaciones como la que se realizó en Fuerteventura ante la detección de Aedes aegypti deban marcar la línea a seguir respecto a priorizar las acciones frente a especies que pueden suponer un grave riesgo para la Salud Pública, aunque no se debería abandonar la batalla por la defensa de nuestra biodiversidad.


1. https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-especies/especies-exoticas-invasoras/ce-eei-catalogo.aspx

2. https://www.boe.es/eli/es/rd/2013/08/02/630/con

3. https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2018-10240


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