• Jesús López

Mosquito tigre


Aun a sabiendas de pecar de escasa originalidad, cuando tengo que citar algún ejemplo de control integrado de plagas con alguna especie en concreto, siempre hablo de Aedes albopictus.

El mosquito tigre es una de esas especies que, nos ha hecho, mejor dicho, nos está obligando a esforzarnos de manera superlativa cuando abordamos su control. Si para el control de otras plagas es suficiente con adoptar medidas estructurales o de saneamiento del medio o, como mucho, nos obliga a realizar un tratamiento con biocidas, el mosquito tigre nos reta a un más difícil todavía. Cuando parece que ya es suficiente con las actuaciones realizadas vuelve a surgir tan sigiloso y atrevido como siempre, mostrando una actitud casi chulesca que llega a desquiciarnos.

Resultaría casi inabordable enumerar todas las estrategias y medidas de control que se han propuesto, tanto por parte de la comunidad científica, de los fabricantes de biocidas y dispositivos de control y por parte de las propias empresas de control de plagas.

A groso modo se pueden resumir en las siguientes:

1. Medidas de información y concienciación ciudadana.

Charlas, folletos, trípticos, vídeos, material didáctico para escolares…todo vale para que se conozca al mosquito tigre, sus hábitos y su biología. Considero que es primordial que se informe a la ciudadanía tanto por parte de las autoridades como por nuestra parte. Un cliente que tiene conocimientos sobre el mosquito tigre nos proporcionará información mucho más fiable sobre el estado de la plaga y casi se convertirá en un ayudante de campo con dedicación a tiempo completo y, sobre todo, realizará una labor preventiva eliminado focos de cría y evitando la formación de los mismos en su vivienda.

2. Actuaciones encaminadas a eliminar focos de cría.

Consiste en controlar todos aquellos lugares, objetos o instalaciones que puedan, en algún momento, contener una masa de agua durante el tiempo suficiente para que la larva pueda completar su desarrollo y emerger un adulto. Esto incluye infinidad de objetos, desde los típicos platos de las macetas a cubos, botellas vacías, vasos, latas, neumáticos, bidones, objetos plásticos como juguetes y otros enseres, estructuras como canalones, imbornales, fuentes ornamentales; huecos de árboles y plantas y una larga lista.

3. Control directo de la especie.

Hablamos de actuaciones tanto sobre los adultos como sobre las larvas.

En el primer caso se pueden tratamientos adulticidas aplicando biocidas -normalmente piretroides- en los lugares de refugio -setos, vegetación, zonas relativamente protegidas del viento y de la insolación-.

Otras medidas de control de adultos están basadas en dispositivos de trampeo. Existe una gran variedad de trampas, desde las derivadas de las conocidas ovitrampas empleadas para el muestreo a las que se les ha incorporado una banda adhesiva para capturar a las hembras que acuden atraídas por el agua para poner los huevos, hasta las que emplean una serie de compuestos químicos para lograr esa atracción, desde emisión de CO2 a compuestos sintéticos similares a los que emitimos los humanos y que resultan muy atractivos a los mosquitos. Estos últimos dispositivos suelen incorporar un ventilador que crea un efecto de succión para atrapar a los mosquitos que rondan la trampa atraídos por el olor a “humano”.

¿Y por qué dos tipos de trampas? Las que contienen agua atraparán hembras que ya han tomado sangre y, por tanto, disponen de las proteínas necesarias para madurar sus huevos y buscarán un lugar cercano al agua para ponerlos. Las segundas atraparán hembras que todavía no se han alimentado y buscan alguien a quien picar.

Los tratamientos larvicidas, son siempre más recomendables que los adulticidas, ya que, por una parte, al matar las larvas evitamos la existencia de los adultos y, por otra, actuamos en zonas mucho más localizadas -masas de agua que, en el caso de Ae. albopictus, suelen ser de volumen pequeño- y con productos mucho más seguros -preferentemente IGRs-. Estos tratamientos son necesarios en aquellas estructuras que no pueden ser retiradas y que acumulan agua periódicamente como los imbornales.

Es muy probable que, implementando todas estas estrategias consigamos reducir considerablemente los niveles poblacionales de mosquitos en la zona de actuación, pero, en muchas ocasiones, tendremos una serie de limitaciones a la hora de lograr un control eficaz. Una de las más comunes es nuestra zona de actuación. Podemos haber informado a nuestro cliente y que este actúe de manera correcta en la prevención y eliminación de focos de cría, pero su zona de influencia acaba donde comienza la de sus vecinos que, quizás no sean tan responsables en estas tareas, con lo que es frecuente que sigan apareciendo mosquitos adultos provenientes de focos de cría de parcelas vecinas. Algo similar ocurre en los programas de control de mosquito tigre de los ayuntamientos, donde la competencia municipal acaba en la puerta de la propiedad privada y los tratamientos se limitan a actuaciones en los imbornales y en los potenciales focos de parques y jardines.

A la dificultad técnica inherente para controlar este mosquito, debemos unir el esfuerzo económico que supone la aplicación de estas medidas de control. Al coste de las trampas hay que sumar la del tiempo en asesoramiento técnico para la colocación de las trampas -factor clave para su eficacia- y la de las posteriores revisiones para llevar un control de las capturas.

Todo esto hace que muchas personas estén habituándose al autocontrol o, simplemente al uso de repelentes corporales o al uso de espirales, aerosoles o dispositivos de diversa naturaleza para mantener alejados a los mosquitos.

De momento, a la gran mayoría solo les preocupan las picaduras, a las que tarde o temprano llegaremos a acostumbrarnos y su reacción será cada vez menos importante, pero no hay que olvidar que Ae. albopictus es vector de diversos virus causantes de enfermedades como el chikungunya, zika, dengue, mayaro, West Nile entre otros, por lo que su vigilancia y control deben seguir siendo prioridades para todos los agentes implicados.

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