• Jesús López

Por si las moscas


Siempre he pensado, y la experiencia me lo ha demostrado en varias ocasiones, que las moscas son uno de los organismos nocivos más difíciles de controlar. Son insectos extremadamente prolíficos, ya que una hembra puede llegar a poner 2000 huevos en toda su vida y pueden darse hasta 6 generaciones anuales, con lo que sólo hay que hacer números para empezar a preocuparse.

Si a esto unimos, su alta capacidad de vuelo -son capaces de desplazarse hasta 5Km para buscar alimento- y la rapidez con la que lo hacen –pueden volar a 8Km/h- hacen que puedan invadir cualquier fuente alimenticia casi sin que nos demos cuenta.

La mosca domestica (Musca domestica) hace honor a su nombre y vive estrechamente asociada a las instalaciones humanas, en las que encuentra alimento, sustrato para criar sus huevos (basura, excrementos, materia orgánica en descomposición) y también refugio.

En estas fechas otoñales, es habitual ver moscas en el interior de las viviendas cuando comienzan a bajar las temperaturas en el exterior. Con temperaturas más elevadas, se limitan a permanecer en el exterior. Por supuesto, su presencia es casi permanente en granjas, establos y demás instalaciones con presencia de animales.

Además de lo molestas que pueden llegar a ser, las moscas representan un peligro para la salud pública y para la salud animal. Hay estudios que revelan que pueden transportar más de 300 bacterias distintas, siendo, además, vectores mecánicos de otros microorganismos patógenos, como hongos o protozoos, pudiendo provocarnos trastornos digestivos, salmonelosis, cólera, entre otras enfermedades.

Su particular sistema para alimentarse, disolviendo los sólidos vomitando sobre ellos enzimas digestivos para luego sorberlos con su probóscide, hacen que contaminen y corrompan muchos alimentos provocando pérdidas importantes en la industria alimentaria. En instalaciones ganaderas son culpables de estresar a los animales, provocando una reducción en la producción.

¿Cómo podemos controlar las moscas?

Normalmente, el control de adultos no suele solucionar el problema, ya que, si no controlamos el foco de cría, siempre tendremos adultos emergiendo, pero puede realizarse complementariamente para reducir poblaciones. En este caso se puede actuar con insecticidas de contacto -piretroides- sobre los lugares de reposo, o con formulaciones tipo cebo que llevan un atrayente -usualmente z-9-tricoseno- combinado con un neonicotinoide -usualmente imidacloprid-. También existen numerosos tipos de dispositivos de captura -trampas con atrayentes alimentarios, trampas pegajosas-.

Como sucede con otros dípteros como los mosquitos, es recomendable dirigir nuestros esfuerzos hacia el control de los estados larvarios, es decir, actuaremos sobre los focos de cría, con un control mecánico -instalando barreras de entrada como mosquiteras, bandas plásticas en las puertas, corrientes de aire, etc.- y medidas de higiene y de saneamiento del medio, eliminando estos focos -si es posible- o, si no lo es, empleando productos larvicidas -principalmente IGRs-.

Lo que sucede es que, hay ocasiones, en las que es imposible actuar sobre el foco de cría, bien por que no es accesible o bien porque no lo encontramos -puede ser una granja relativamente alejada-, por lo que no nos queda más remedio que adoptar medidas de mitigación sobre los adultos y esperar a que las temperaturas bajen.

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